“La jubilación no es vacaciones pagadas pasando cierta edad” por Jesús CP

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Las pensiones son problema para todos los países por la carga financiera que aumenta a la par de la esperanza de vida, y sobre todo, porque se ha perdido el enfoque de cómo y para qué fueron creadas. No se crearon como una meta para dejar de trabajar, ya que pocos alcanzaban la edad de jubilación, se crearon como un seguro para las personas, que por la edad, se vieran impedidas físicamente para llevar a cabo un trabajo. Recordemos que la mayoría de los trabajos hace más de un siglo, eran de tipo físico. Se estableció una edad no para deja de trabajar, sino como una estimación de hasta cuándo vivirían las personas. Algo así como la “muerte técnica” que utilizan hoy los seguros de vida (a los 99 años te dan por muerto y te pagan tu indemnización).

A finales del siglo antepasado, los alemanes señalaron que, una persona que llegaba a los 40 años, muy probablemente llegaría a los 70. Por eso establecieron dicha edad para jubilación. Otros países europeos hicieron sus cálculos, y establecieron edades entre los 60 y 70. Lo hicieron así porque los menores de 40 años eran llamados al ejército y sesgaban el promedio de vida, que a finales de 1800, rondaba entre 26 y 40 años. Más tarde, el resto de los países copió las edades por recomendación de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Hoy vemos las jubilaciones como una edad en la cual se obtienen vacaciones pagadas. Una edad en la cual ya se puede descansar. Y se nos sigue vendiendo esa utopía. En México, los que cotizamos en el Seguro Social después de 1997, y tenemos un plan de ahorro para el retiro mediante AFORES, estamos condenados a seguir trabajando toda la vida. Caso contrario es el de algunos burócratas, quienes pueden retirarse alrededor o antes de sus 50’s, dependiendo de la edad en la que ingresaron a trabajar. Pueden existir casos en los que tengan una vida más larga como jubilado que como trabajador activo. Al problema, aumentemos el pago de muchas prestaciones que se han otorgado como pagos políticos en los contratos colectivos. Los presupuestos públicos ya no aguantan. Incluido el de Colima.

Una reforma a las pensiones debe pasar forzosamente por, primero, establecer la edad de jubilación, y después, aumentarla. Es difícil pero necesario. Debe pasar por establecer ahorros para el retiro fondeados con retenciones al salario porcentualmente considerables, e invertidos con bajo riesgo. Y por último, con proyectos productivos que inyecten capital al Instituto de Pensiones, y que así, éste no sobreviva sólo de una partida presupuestal o del endeudamiento público. Ejemplo: las farmacias ISSEG, de Guanajuato.

Un sistema de pensiones sano, con visión a largo plazo, dará certeza no sólo a los trabajadores al llegar a la vejez, sino seguridad en el cumplimiento de pagos y prestaciones durante toda su vida laboral. Es justo y necesario.