“Vislumbres” por Abelardo Ahumada

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CAPÍTULO EN EL QUE SE DEMUESTRA QUE LA PARTE INICIAL DE LA CONQUISTA NO LA HICIERON LOS ESPAÑOLES SINO LOS ACOLHUAS Y LOS MICHOACANOS.

Tomando en cuenta que el domingo pasado (20 de enero) se habrían cumplido 492 de la fundación de la Villa de San Sebastián de la Provincia de Colima, en el sitio en donde hoy se halla el centro de la capital del estado, quiero abordar un tema que aun cuando nada tiene qué ver con la grilla actual, sí tuvo su origen en las confabulaciones político-económicas que en su beneficio promovió Hernando Cortés, capitán general de los conquistadores hispanos, y que posteriormente derivó en la conquista de Colima y la fundación de la villa que hemos mencionado. Se trata de lo siguiente:

Que desde que desembarcó Hernán Cortés por primera ocasión en la desembocadura del Río Grijalba, supo de la existencia de México-Tenochtitlan, a cuyos dirigentes rendían tributos. Y que, habiendo desembarcado días después frente a las actuales costas veracruzanas, supo también, por los cempoaltecas, que había una división tremenda entre los pueblos de la región, y un resentimiento terrible contra los mexicas, a quienes también estaban forzados a tributar.

Actuando con singular perspicacia, Hernán Cortés estuvo analizando esa realidad y, como muy bien se sabe, supo aprovecharse de aquella enorme desunión, y de aquel gran coraje contra Moctezuma y los suyos, para convencer a los resentidos y, peleando aparente en su favor, usarlos como aliados para derrotar a los mexicas, el 13 de agosto de 1521.

Utilizando una estrategia bastante similar, pero afinada con el conocimiento que se iba allegando, Cortés continuó con sus ambiciosos planes de conquista y, uno de sus más grandes aliados posteriores, fue nada menos que Ixtlilxóchitl, quien, aun que hoy nos parezca increíble, lo apoyó fuertemente para conquistar Coliman, como veremos a continuación.

EL LIBRO DE FRAY BERNARDINO. –

Muchas veces he tenido ante mis ojos un libro que suele atemorizar a los lectores por las más de dos mil páginas con que aparece impreso: me refiero a la Historia General de las Cosas de la Nueva España, escrita (o recopilada) por Fray Bernardino de Sahagún, uno de los más cultos y notables franciscanos, a quien le tocó enseñar a los hijos de los nobles nahuas en el antiguo colegio de Santiago de Tlatelolco, y quien intencionadamente conversó, durante muchísimas horas, con doce de los más lúcidos y conocedores ancianos que sobrevivieron a la conquista de México-Tenochtitlan, utilizando en tales casos a sus alumnos más brillantes (que ya habían aprendido a leer y a escribir en náhuatl y castellano), como los transcriptores de las entrevistas que estuvo llevando a cabo, y en las que les preguntó a los tlamatinime (sabios), acerca de numerosísimos tópicos.

Hablo, pues, de un libro con carácter enciclopédico, cuyos abundantes datos fueron poco a poco recabados entre 1536 y 1585, pero que por azares de la vida no se publicó en su momento y fue a parar, como muchos otros más, en un oscuro archivo virreinal, donde permaneció en calidad de desconocido durante casi dos siglos; pero que cuando se descubrió impresionó por sus notables características, en la medida de que, según lo advirtió el propio autor, “cada plana lleva tres columnas: la primera en lengua española; la segunda en lengua mexicana y la tercera [conteniendo una] declaración (o explicación) de los vocablos mexicanos” numerados. Por lo que uno tiene que valorar el dato de que, tras de haber aprendido con suficiencia el náhuatl, fray Bernardino tradujo más tarde al español, los testimonios que sus alumnos habían recogido, también en náhuatl, de los mencionados ancianos de Tlatelolco. Siendo ese voluminoso libro, en consecuencia, una fuente importantísima de primera mano, para conocer y entender esas “cosas de la Nueva España” que se contienen en sus numerosas páginas.

LOS APUNTES DEL BISNIETO. –

Y menciono todo lo anterior porque, al menos en la edición que yo conozco, trae como uno de varios interesantes apéndices, otro libro atribuido a Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (que también fue un alumno muy adelantado del colegio de Santiago Tlatelolco), en el que anotó unos muy importantes datos sobre lo que fue la conquista de Colima, a los que más adelante me referiré sin darle muchas vueltas al asunto.

Antes, sin embargo, de abordar ese tema, quiero señalar que Fernando de Alva Ixtlilxóchitl nació entre 1568 y 1575, fue uno de los primeros chiquillos castizos que hubo en la Nueva España (entendiendo por castizo al niño americano que fue “hijo de mestiza y española, o de español y mestiza”), y descendiente directo del famosísimo Ixtlilxóchitl, último “rey” de los acolhuas, radicado en Texcoco, y uno de los primeros jefes de gobierno indígena que se convirtió al cristianismo, al que se le atribuye haber apoyando a Hernán Cortés con su gente no nada más en el sitio y la toma de la ciudad de México-Tenochtitlan, sino en varias otras conquistas que se realizaron después.

QUE IXTLILXÓCHITL APOYÓ A CORTÉS. –

Quiero finalizar mi referencia a él, señalando que en una de sus últimas páginas dice haber estado en posesión de varias “historias y relaciones” escritas o recopiladas por un viejo sabio, conocido suyo, que se llamaba Alonso Axayácatl, en las que, a través de “cantos y pinturas” se dio cabal cuenta de la participación de su bisabuelo Ixtlilxóchitl en algunas “salidas a diferentes partes… como a Colima, a Hueymalan y Tlalpalan, entre otras”. Así como haber “oído platicar a algunos viejos”, de los que todavía estaban algunos vivos, “que alcanzaron a ver” lo que sucedió durante aquellos años, con los que se fue a “informar de la verdad”.[1]

Una de las características más notables de este otro importante libro testimonial es que el autor decidió numerar cada uno de sus párrafos y, en este sentido me resulta muy fácil poder indicar a nuestros posibles lectores, que es entre los párrafos 202 y 208 donde hay las más claras referencias sobre la conquista de Colima. Mismos que resumiré en lo esencial:

Que habiendo sabido Hernán Cortés que los habitantes de la región de Zacatula habían sido pacificados tanto por las fuerzas de Cristóbal de Olid como por los guerreros del Cazontzi de Mechoacan, decidió fundar en dicho puerto (hoy cerca de Lázaro Cárdenas) un astillero para construir algunos barcos con los que pudiera dar continuación a las exploraciones que era necesario hacer “en la Mar del Sur”, como le llamaron ellos entonces al Océano Pacífico, y que en función de lo anterior, “acordó enviar [allá] cuarenta españoles carpinteros y marineros […] para labrar dos bergantines para descubrir aquella costa, y dos carabelas para buscar [algunas] islas de las que tenía noticia [en el sentido de que] algunas [eran] muy ricas”. Habiéndole solicitado a su vez, a su amigo Ixtlilxóchitl, más “carpinteros y gente que fuera con ellos” cargando “el hierro, armas, velas, maromas y jarcias” que habían pertenecido a los barcos que mandó hundir en Veracruz.

En el párrafo 207 dice textualmente que “tuvieron noticia Cortés e Ixtlilxóchitl de cómo Cristóbal de Olid fue vencido por los de Coliman, y que le mataron diez españoles, y muchos michoacanenses que eran a su favor”, porque, según eso, Olid y los suyos habían querido aprovechar su viaje para “sujetar Coliman, pero les fue muy mal”.

LOS ACOLHUAS COMBATIERON CONTRA LOS COLIMECAS. –

Pero por otros testimonios, como los que aparecen en un texto conocido como la “Relación de Zacatula”, redactada allí mismo en diciembre de 1580, nosotros sabemos que no fue el capitán Cristóbal de Olid a quien Cortés envió a Zacatula, sino al capitán Juan Rodríguez de Villafuerte, “en 1523”,[2] y que por tanto fue a él a quien derrotaron los de Coliman.

A pesar de esa pequeña errata, la noticia sobre la derrota que los colimecas causaron a los españoles, se mantiene firme, y tanto que ni siquiera Cortés la dejó de mencionar en la larguísima carta que el 15 de octubre de 1524, decidió enviarle al rey.

Pero otro importante dato que nos faltaría agregar es que, coincidiendo en buena medida con el contenido de la carta del conquistador, Ixtlilxochitl dice más adelante que, para remediar el mal que con esa entrada habían hecho Villafuerte y sus hombres, Cortés “envió luego a Gonzalo de Sandoval con sesenta peones y veinticinco de a caballo”, junto con “dieciséis mil hombres de guerra” que en apoyo de ellos “mandó Ixtlilxóchitl”, para que “vengase [a derrota anterior] y castigase a los de Coliman”.

Señalando inmediatamente que, no habiendo podido pacificar a ciertos combatientes del rumbo de Acapulco (a los que diferentes fuentes nombran como “los de Impilcinco”) “por ser gente muy belicosa y la tierra muy áspera”, se fueron hasta “Zacatulan, en donde tomaron más gente, y se fueron sobre Coliman”, a sesenta leguas de allí, en donde una que llegaron “tuvieron una cruel batalla”, en la que “murieron algunos acolhuas y muchos de los enemigos” colimecas, “los cuales, viéndose muy oprimidos por los nuestros, se rindieron [junto] con [sus propios aliados]”, entre los que menciona a “Zihuatlan, Zelimatec y otros pueblos”. Finalizando esta relación con la noticia de que “después de haber sujetado estas provincias y poblado a Coliman, se tornaron los nuestros”.[3]

LO QUE DICE LA RELACIÓN DE MICHOACÁN. –

Aunque con pequeñas variantes, todos estos datos se han podido confirmar con otras versiones de los mismos conquistadores, pero existe un importantísimo testimonio que, hablando sobre la conquista de Colima, apareció en la muy antigua Relación de las ceremonias, ritos, población y gobernación de los indios de la Provincia de Mechuacán (mejor conocida como la Relación de Michoacán), redactada por fray Jerónimo de Alcalá, en el convento de San Francisco de Tzintzuntzan, entre los años de 1539 y 1542, con dedicatoria especial de don Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España. Obra que de manera similar a lo que ocurrió con las de fray Bernardino de Sahagún, permaneció archivada y desconocida durante más de tres siglos en la Biblioteca de El Escorial, en España, hasta su rescate en 1869, y que en esencia dice al respecto:

“Y [los michoaques o michoacanos] fueron luego [con] los españoles a conquistar a Colima, y hasta las mujeres les llevaban las cargas. Y fue por capitán de la gente que fue de guerra Huizizilzi, y conquistaron a Colima y no murió [en esta vez] ningún español, y (sí, en cambio) murieron muchos de Colima y sus pueblos.

“Los indios de Mechuacan iban a la guerra con sus dioses, vestidos como ellos solían en su tiempo, y [después de la batalla] sacrificaron [a] muchos de aquellos indios [colimecas] y no les decían nada los españoles”. Señalando un poco más adelante que, después de haberse regresado sus huestes desde Colima, Huizizilzi “fue también a Pánuco, con más gente, y después con Cristóbal de Olid, a las Hibueras, y allá murió”.[4]

CONCLUSIÓN. –

Los ciento cincuenta soldados que designó Cortés para que vinieran a pacificar y conquistar Colima no habrían podido hacer nada contra los colimecas (que los habían derrotado en su primera batalla), de no haber sido por el enorme apoyo que, con varios miles de acolhuas y michoacanos, contó Gonzalo Sandoval gracias a las inteligentes maquinaciones políticas que urdió Cortés.


[1] Alva Ixtlilxóchitl, Fernando de, en su Relación de la venida de los españoles, que aparece como apéndice de la Historia General de las Cosas de la Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún, Colección Sepan Cuantos… Porrúa, México, 1999, p. 880.

[2] Relación de Zacatula, aparece en las Relaciones Geográficas del Siglo XVI, correspondientes a la zona de Michoacán, editadas por René Acuña, UNAM, Tomo 9, p. 450-451, 1987.

[3] Ixtlilxóchitl, obra citada, p. 853.

[4] Alcalá, fray Jerónimo de, Relación de las ceremonias, ritos, población y gobernación de los indios de la Provincia de Mechuacán, coordinada por Moisés Franco Mendoza, y publicada por el Colegio de Michoacán y el Gobierno del Estado, en el año 2000, páginas 677 y 678.